¿Has comido alguna vez uvas verdes con
toda su semilla? pues un día comiendo uvas mordí muy fuerte y las semillas
despidieron su amargura mezclándose con
el dulzor de la uva -pensé si la escupo voy a perder mi uva, así que la
mastique y no trague de inmediato, como todos a
veces hacemos, sino que continúe masticando hasta al final y descubrí
un sabor que nunca antes había sentido, y es que aquella combinación entre
amargo, dulce y algo extraño, al final resulto que nacía un
sabor distinto, más suave, único
que hasta ahora no logro compararlo, ¡es bueno comer uvas! y sacar las semillitas evitando masticarlas
para no sentir su amargura, ¿pero que hay con sus beneficios, los echaras a un
lado sin que te importe? Al comparar esto con los reveses al andar por aquellos
caminos turbulentos que a cada uno de nosotros,
nos llega inesperadamente, solo nos queda
perseverar valientemente en la búsqueda de ese sabor diferente y sorpresivo que
nos da la vida al final de una jornada distinta, llenas de situaciones variadas
y que nos hacen crecer. Cuando sentimos que somos absorbidos por
innumerables dificultades, y abandonamos
por causa del dolor vivido, aquello que aprendimos un día y lleno de paz
nuestros corazones, volvernos a estas enseñanzas es un camino duro pero su
final dulce más que la miel, Las situaciones distintas, diferentes para no
llamarlas problemáticas yo las semejo con el comer uvas, es Dios quien nos permite tales situaciones, a
la final todo será para que Él se Glorifique, ¿y no nos dará con él la
Victoria?

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