miércoles, 5 de octubre de 2016


¿Has comido alguna vez uvas verdes con toda su semilla? pues un día comiendo uvas mordí muy fuerte y las semillas despidieron su amargura  mezclándose con el dulzor de la uva -pensé si la escupo voy a perder mi uva, así que la mastique y no trague de inmediato, como todos a veces  hacemos, sino  que continúe masticando hasta al final y descubrí un sabor que nunca antes había sentido, y es que aquella combinación entre amargo, dulce y algo extraño, al final resulto que  nacía un  sabor distinto, más suave,  único que hasta ahora no logro compararlo, ¡es bueno comer uvas!  y sacar las semillitas evitando masticarlas para no sentir su amargura, ¿pero que hay con sus beneficios, los echaras a un lado sin que te importe? Al comparar esto con los reveses al andar por aquellos caminos turbulentos que a cada uno de nosotros, nos llega inesperadamente, solo nos queda perseverar valientemente en la búsqueda de ese sabor diferente y sorpresivo que nos da la vida al final de una jornada distinta, llenas de situaciones variadas y que nos hacen crecer. Cuando sentimos que somos absorbidos por innumerables  dificultades, y abandonamos por causa del dolor vivido, aquello que aprendimos un día y lleno de paz nuestros corazones, volvernos a estas enseñanzas es un camino duro pero su final dulce más que la miel, Las situaciones distintas, diferentes para no llamarlas problemáticas yo las semejo con el comer uvas,  es Dios quien nos permite tales situaciones, a la final todo será para que Él se Glorifique, ¿y no nos dará con él la Victoria?  

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